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Una entrega especial fuera del hogar
 
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Cuidado intensivo para lo inesperado
 
Son las doce del mediodía. Ángela está sentada al lado de su hija Naomi en la Unidad de cuidado neonatal intensivo en el Hospital de la Universidad George Washington, leyendo un libro de cuentos infantiles y hablándole con palabras alentadoras. La pequeña Naomi se acerca con un puño muy pequeñito o con una patadita en el aire, y aún con un sollozo. Ésta fue una rutina diaria para Ángela y Naomi después que Naomi naciera el 1ero de agosto, 15 semanas antes de la fecha proyectada para su nacimiento.

Desde entonces ella ha crecido; de poco menos de una libra al nacer, a más de 5 libras antes de ir a la casa. Su piel frágil parecía quedarle mejor a su pequeñito cuerpo aún mejor después de los líquidos intravenosos, y luego la leche de pecho la ayudó a crecer.

No fue solamente que Naomi no estaba supuesta a nacer hasta el mes de noviembre, sino que también no se suponía que ella naciera en Washington, D.C. Ángela y su esposo, Andre, habían seleccionado cuidadosamente a un obstetra y a un hospital cerca de su hogar en Indianapolis. Pero cuando Ángela estaba en cinta, solamente por 22 semanas y en un viaje a una conferencia de maestros en Washington, todos esos planes cambiaron.

Lo inesperado
Ángela comenzó a sentirse mal poco después de haber llegado a Washington. La llevaron al departamento de emergencias del Hospital de la Universidad George Washington donde determinaron que el cuello del útero estaba debilitado y dilatado 2 centímetros. Ella fue admitida inmediatamente a la unidad de partos y entregas y le informaron que ella tendría que permanecer en el hospital descansando en cama por el resto de su preñez.

Nacimiento
A pesar de las órdenes de descansar en cama, Ángela comenzó a dar a luz en las horas tempranas del viernes 31 de julio. Los médicos intentaron detener el parto, lo cual funcionó al principio. Pero a la mañana siguiente despertó sintiendo al bebé dando patadas en la parte baja de su abdomen. Los médicos determinaron que tenían que hacer una cesárea.

El parto ocurrió sin problemas, aunque para Ángela todo parecía una nube borrosa. Ella recuerda ver a Naomi por unos breves momentos como una niñita muy pequeñita según la llevaban por el pasillo a la unidad de cuidado neonatal intensivo.

Los médicos no están muy seguros que fue lo que hizo que la salud de Ángela cambiara del momento antes de su viaje a la sala de emergencias del Hospital George Washington. Pudo haber sido el viaje aéreo mismo, o un número de otros factores. Pudo haber ocurrido aún si ella se hubiese quedado en casa. Por lo general, el viajar a tan temprana etapa de la preñez no es una preocupación.

"Aunque el caso de Ángela fue un caso difícil, los obstetras pudieron manejar su parto con seguridad sabiendo que los especialistas neonatales estaban ahí para proveer cuidado especializado para el bebé," declara el Dr. Alan Sacks, el obstetra quien hizo la entrega de Naomi. "Debido a que nuestro centro de nacimientos es muy completo, nunca tenemos que enfrentarnos al dilema de tener que transportar a Ángela o al bebé a otro hospital para su cuidado."

Aunque Ángela salió del hospital cuatro días después de su parto y se mudó a la Casa Ronald McDonald localizada en el noreste de Washington, ella estuvo muchas horas en el hospital todos los días visitando a Naomi en la unidad de cuidado neonatal intensivo. A pesar de la frustración de no poder llevarse su bebé a la casa, Ángela mantuvo una acitud positiva.

"Traté de mantenerme positiva y alegre por Naomi," declara ella. "Pero definitivamente, tuve mis días donde fue muy difícil verla aislada. No estaba alegre todos los días."

Ángela regresó a su hogar en Indianapolis solamente una vez desde la fecha en que Naomi nació. Su esposo, Andre, un arquitecto de jardines, la visitó dos veces durante su estadía en el hospital antes del parto, y una vez después que Naomi nació. Los amigos y vecinos le enviaban libros, rompecabezas y otros regalitos para ayudarle a pasar el tiempo. Andre se mantuvo ocupado en Indianapolis comprando una casa nueva y mudando las pertenencias de la familia, una casa que Ángela no pudo ayudar a seleccionar.

El equipo que provee cuidado
Ángela y Naomi recibieron cuidado de parte de un equipo completo en el hospital. Antes de ella dar a luz, los médicos de la sala de emergencias y los médicos y enfermeras de medicina maternal-fetal se ocuparon de cuidar a Ángela. Después del nacimiento de Naomi, la Sra. Mary Kardauskas, una trabajadora social en el hospital, no sólo le ayudó a Ángela a encontrar vivienda en la Casa Ronald McDonald, pero también la puso en contacto con un programa de mentoría para familias que tienen bebés prematuros llamado 'Parent Partners'. Varias enfermeras que están entrenadas especialmente para cuidar a bebés prematuros, le proveyeron constantemente la comida y los medicamentos y otros cuidados especiales para Naomi. Un equipo de neonatólogos prescribió el tratamiento y supervisó el progreso de Naomi con el fin de alcanzar la meta principal: el que pudiese ir a su hogar.

"Fue muy buena fortuna el que Ángela viniera a un hospital con una unidad de cuidado neonatal intensivo completo de Nivel IV con un personal con experiencia en cuidar a tales infantes tan pequeñitos y prematuros," declara la Dra. Maureen Edwards, la directora de servicios para recién nacidos en el Hospital George Washington.

La Dra. Edwards cree que el cuidado que Naomi recibió en la Unidad de cuidado neonatal intensivo le permitirá vivir una vida normal. "Los bebés que nacen con un peso tan bajo por lo general tienen múltiples problemas médicos," declara ella. "Lo que podemos hacer con el cuidado intensivo es intentar prevenir complicaciones adicionales para darle a los bebés una mejor oportunidad de crecer como niños saludables y normales."

De camino a la casa
El 19 de noviembre, después de una estadía de diez y seis semanas en la Unidad de cuidado neonatal intensivo, Naomi fue a su hogar en Indianapolis. La Sra. Debbie Seward, Enfermera registrada, una de las enfermeras gerentes en la Unidad de cuidado neonatal intensivo del Hospital George Washington hizo los arreglos para que una enfermera del Hospital Riley de Niños en Indianapolis viajara a Washington para escoltar a Naomi a la Unidad de cuidado neonatal intensivo de ese hospital. Un vuelo especial para transporte médico las llevó seguras. En Riley, los médicos y las enfermeras supervisaron a Naomi por un poco más de tiempo antes de darle de alta finalmente para que ya fuera a su hogar, justo a tiempo para el Día de Acción de Gracias.

"Estoy muy agradecida por el cuidado que Naomi recibió en el hospital, pero finalmente también me alegro de poder traerla a nuestro hogar," dice Ángela, el día antes de partir para Indianapolis.

 

 
este artículo apareció originalmente en la Revista Health News de la primavera del 1999.